Cuando la miré, ella ya lo sabía, sin decirle nada, me dijo: “cómo te gusta trabajar de héroe”. Palmira me besó y me pidió que vuelva…

Malvinas hoy ocupadas

Tapa del diario Crónica

…Navegando entre nubes, advertí una forma, un rectángulo de cien Islas e islotes. La capa de nubes entre la tierra y mi avión  es densa, tengo que hacer un esfuerzo por ver. Un cerro de seiscientos metros me amenaza, no puedo zambullirme todavía. Espero, hago círculos y se abre el cielo, puedo ver una bandera que me dice la orientación del viento, invento un circuito de aterrizaje sobre una cuadrera. Ya estoy en tierra, ya no es un sueño, bajo y cuelgo la bandera Argentina sobre el alambrado, imagino que la estoy izando, cinco personas me preguntan si soy inglés, si deseo algo… “Tome, entréguele esto a su gobernador”. Así fue, solo quince minutos estuve en nuestras Islas Malvinas. Así hice algo que creía que debía hacerse, y ya”.

“…Las Islas Malvinas tienen para los argentinos un valor que no se mide solamente por lo material…Tienen en cambio el valor de la dignidad humana…”

Antes de la guerra de 1982, hubo reivindicaciones de soberanía sobre las islas: el 8 de septiembre de 1964 el piloto Miguel Fitzgerald fue el primer argentino en volar a las islas. Allí entregó una proclama al gobernador y plantó la bandera nacional. Lo hizo piloteando un Cessna 183 bautizado “Luis Vernet”, el mismo día de su cumpleaños. Luego de tal hazaña, Miguel que sabía que lo esperarían en el continente para sancionarlo, “cortarlo en pedacitos”. Se aseguró la “bocha” de que no sucediera. Diseñó un plan de amplia difusión para evitar la sanción por parte de la Fuerza Aérea Argentina que podía quitarle su licencia de piloto. Así, sumó cómplices: el periodista Juan Naba, que trabajaba en La Razón, le ofreció al vespertino la noticia, pero al director Laiño (editor del diario de los Peralta Ramos) no le interesó. Fueron con la propuesta a otro periodista y director de un diario de reciente aparición, el señor Héctor Ricardo García. Al regreso de la hazaña, mientras todavía sonaba “Mi Buenos Aires querido” en la cabina del Cessna y Mike lo cantaba con esa sonrisa de niño que termina de hacer una travesura sin ser descubierto, Crónica tenía la primicia. El título en letra catástrofe (placa roja) fue: “Malvinas: Hoy recuperadas”.

Estuvo tan solo 15 minutos en Puerto Stanley, sobre una pista de cuadreras. Allí, mientras el motor de su avión quedaba en marcha, colgó la bandera nacional en un alambrado. Un viaje del que nunca conoceremos su comienzo , aunque sí sabemos que, en Ítaca, hay que rezarle a los dioses para que el viaje sea largo.

Varias veces hube de desistir de mi intento de volar hasta las Islas Malvinas por diversas circunstancias. El mismo día que cumplí los treinta y nueve años me encaminé al avión, cuyos asientos habían sido sustituidos por tanques de combustible. Con chocolate y café como provisiones, levanté vuelo hacia Río Gallegos, siguiendo luego hacia el archipiélago Malvino, haciendo quinientos cincuenta kilómetros.

Cuando cae la tarde en un campo de aviación, los pilotos guardan sus aviones, se cierra el hangar y se enciende un fuego. Se abandona la soledad de una cabina, para juntarse. Se come, se bebe, comienza el rito donde se improvisan historias que todos sabemos irreales pero que, sin embargo, alguien las vivió. Otros cuentan sueños: su futura historia real. Allí Mike expresaba su idea de ir a Malvinas ante un grupo de colegas que soñaban lo mismo. En la primaria la maestra les habían recitado, una y otra vez, “Las Malvinas son Argentinas” y todos miraban el mapa. Hoy eran aviadores. Entonces, lo que quedaba lejos, estaba cerca.

“…Eran charlas de hangar, en las que cada uno contaba cuál sería su sueño, a dónde le gustaría ir. Varios decían Malvinas. Yo lo cumplí.

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Mike Fitzgerald.

Se sumaban cómplices:. Ciro Comi, el presidente del Aeroclub de Monte Grande y representante de “Cessna Aircraft Company”  en Argentina, le da el avión. En los hangares del Aeroclub se cambian asientos por tanques de combustible, Héctor Ricardo García brindaría la cobertura mediática, a todos les aclaró con su irreductible forma de tomar decisiones: “La nafta me la pago yo, nadie me acompaña, el viaje es mío.” Solo aceptó ayuda hasta el despegue, Mike en su avión cabalgó solo toda su vida.

Ignacio Fernández, Jefe de pilotos de Austral,  es quien lo ayuda en Río Gallegos, para poder despegar del aeropuerto y Base Militar. Allí estaba el control de la Fuerza Aérea Argentina y era necesario hacer algo. Fernández, que conocía al Jefe de Base, lo llamó aparte y le dijo:

  • Mirá, Fitzgerald se va a Malvinas sí o sí, ya tiene todo, ¿qué vas hacer vos?…
  • Ok, si él se la juega yo también, que salga, yo no vi nada.

 “…Esos diez minutos en Malvinas me dieron más prensa en toda mi vida que muchos vuelos que hice y que me llevaron horas o días. Sólo los que saben de aviación tienen idea de que, en 1962, hice un vuelo sin escalas de Nueva York a Buenos Aires, solito. Y que con el mismo avión crucé el Pacífico de Alaska a Tokio, solito”.

Su cumpleaños, su capricho y las Naciones Unidas le dieron la fecha. La Asamblea General, en el año 1964, incluyó en su agenda la cuestión “Malvinas”, como parte de las colonias en América. Miguel leyó el presente y sintió que era hora.

“Cuando uno está volando y está haciendo algo arriesgado, no piensa en nada más que en eso”.

 

A su regreso, Héctor Ricardo García tenía todo planeado e inauguraba un estilo periodístico. Ese día, 8 de septiembre de 1964, no se habló de otra cosa: Crónica estaba agotada, mientras que La Razón casi ni se vendió. En esos tiempos, los diarios no aceptaban devoluciones pero ese día los canillitas presionaron tanto  para devolver los ejemplares de La Razón, que este antecedente modificó el negocio y la relación entre los dueños de los diarios y los repartidores.

Mike ya tenía rumbo a Buenos Aires. En el Aeroparque Jorge Newbery, Palmira y sus hijos lo esperaban. Había una multitud de amigos y extraños, también estaban “los muchachos de Tacuara”, que lo suben a un jeep y lo llevan como a un héroe a dar vueltas por la ciudad con destino final el diario Crónica.

Ese recibimiento y el festejo popular impidieron a la Fuerza Aérea suspender la matrícula de piloto de Mike y fue solamente apercibido. Dos cosas no pudo evitar: una fue quedar despedido de su trabajo, algunos dicen porque trabajaba en una empresa pro-británica, otros porque el dueño no le perdonó que no le avisará de la hazaña. La segunda fueron los reclamos de Palmira, su esposa, durante más de 30 noches de agasajos, festejos y bienvenidas, durante los que llegó, incluso, hasta la misma Casa Rosada, donde el Presidente Illia lo llamó para felicitarlo y levantarle el apercibimiento.

Miguel fue un piloto monoposto: ya dos años antes había hecho el primer vuelo sin escalas desde Nueva York a Buenos Aires en un Cessna 210 bautizado “The Spirit of Mariano Moreno”, “el prócer que no tuvo límites, como mi cielo, ese animal político que cree como lo creo yo también: que todo es posible”

 

Animal sin límites, Mike, cruzó el Pacífico de Alaska a Tokio, zafando de un accidente en Manila donde se le incendia el avión.

 

En 1967, el Ejército Boliviano, con ayuda de la CIA, capturó y fusiló al Comandante Ernesto Che Guevara: era hora de otra hazaña. Como piloto del diario Crónica, junto con el fotógrafo Lazarili, voló en contra de todas las prohibiciones, vigilancia y peligros a Valle Grande, para cumplir la misión de sacar fotos. Hicieron las tomas  y despegaron mientras militares bolivianos los corrían a balazos.

En 1968 hizo su segundo vuelo a Malvinas en un Aerocommander , avión bimotor. Cuando buscaba el lugar de aterrizaje, se dio cuenta que los ingleses habían cercado lo que había sido su pista en el primer vuelo. El campo de carreras de cuadreras estaba alambrado para que nadie más aterrizara allí: la única forma de detenerlo fue quitarle la pista. Así es que se vio obligado a posar el avión en la turba, lo que dejo inoperativo el Aerocommander . Fue arrestado y volvió a Buenos Aires por Montevideo en el navío “Endurance”.

Siempre le gustó aclarar que sus hazañas en Malvinas fueron solo por ser argentino, no mezcló su vuelo con la descendencia irlandesa o el apoyo de  Tacuara. Tampoco estuvo de acuerdo con la guerra de Malvinas desde el mismo 2 de abril de 1982.

El tomaba las decisiones solo. Cuando ya las tenía resueltas, le contaba a Palmira pero no había lugar a opiniones o cambios, la decisión estaba tomada, resolvía solo y luego le contaba a su mejor copiloto, su compañera.

Así fue que renunció dos veces a Aerolíneas Argentinas, una para volar en Transatlántica, la otra para Crónica, haciendo la cobertura del TC. Voló también en la carguera La Rioplatense, hizo fotografía aérea y terminó volando un avión Jet de Héctor R. García.

“Nunca trabajé porque siempre volé. Infinitas veces me quedé sin trabajo.

Viví como quise. No tengo ningún hueso roto. Any landing you can walk away from, is a good landing.

Mike alimenta el fuego que se enciende cuando se cierran las puertas de los hangares. Cumplió el sueño de muchos, siendo él mismo “único, necesario y suficiente”

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Entrevista con Palmira Fitzgerald (Viuda de Mike)

ESTE ES EL TEXTO DE LA PROCLAMA ENTREGADA POR MIGUEL L. FITZGERALD, a las 13 hs. del 8 de setiembre de 1964, en Puerto Stanley.

“AL REPRESENTANTE DEL GOBIERNO OCUPANTE INGLES ISLAS MALVINAS

Yo, Miguel L. FitzGerald, ciudadano argentino, único, necesario y suficiente título que exhibo en cumplimiento de una misión que está en el ánimo y la decisión de veintidós millones de argentinos, llego al Territorio Malvínico para comunicarle la irrevocable determinación de quienes como yo han dispuesto poner término a la tercera invasión inglesa a territorio argentino.

Han transcurrido casi 132 años de piratería y avasallamiento de la soberanía argentina en las islas que hoy ocupo simbólicamente. El despojo perpetrado por los corsarios de la fragata “Clio” conmovió en aquél entonces a la Patria, muy joven aún, y, a través de las generaciones se han mantenido en los hechos una usurpación que nunca fue admitida por los argentinos, por los latinoamericanos y por todos aquéllos que, en el mundo, ajustan su que hacer al respecto de los derechos inalienables de cada nación.

Hoy, en que también mi Patria despierta de su largo sueño, consciente de su grandeza moral y material, está decidida a recuperar éste, su territorio insular. De ahí, que yo constituyo la avanzada este ideal patriótico y justo que crecerá, no lo dude usted, como formidable avalancha. Los argentinos estamos resueltos a no permitir que Inglaterra siga ocupando un archipiélago que, por razones geográficas, históricas, políticas y de derecho, pertenecen a la República Argentina. Pienso, como mi pueblo, que a la postre y ante el mundo sólo habrá un perjudicado moral en esta injusta situación, mantenida a través de tantos años: ése perjudicado es Inglaterra.

Las Islas Malvinas tienen para los argentinos un valor que no se mide solamente por lo material no obstante el sistemático saqueo a que han sido y son sometidas -: ni tampoco aceptamos que sean motivo de negociaciones. Tienen, en cambio, el valor de la dignidad humana porque son una parte incuestionable del país que como argentino represento en este acto de voluntad y plena decisión. Argentina no hace del ejercicio de la libertad y del derecho una manifestación vacua, como si fuera una consigna o un lema comercial. Argentina ejercita el derecho y la libertad, respetando por igual a todos los pueblos de la Tierra y, en consecuencia, exige para sí igual tratamiento.

Los 21 cañonazos que en el siglo pasado señalaron la hora en que Argentina izó su pabellón en Puerto Soledad en acto de ejercicio de plena soberanía, resuenan nuevamente para anunciar al mundo que en esta hora, ha comenzado otra reconquista, como en 1807.

En consecuencia, como ciudadano, he podido por mí y ante el mundo, descender en territorio nacional para ratificar la soberanía argentina en el archipiélago y reiterarle al representante de gobierno usurpador inglés que “no hemos sido ni seremos un país de conquistadores, pero tampoco aceptamos que se nos pretenda conquistar”, como bien lo ratifica el canciller de mi país, en Agosto último. Con igual título, acabo de enarbolar en esta isla de la Soledad, integrante del archipiélago, mi pabellón celeste y blanco.

Esta actitud personal, que interpreta los sentimientos y la vocación del pueblo argentino, coincide con la decisión de La Organización de las Naciones Unidas, de considerar en el más alto tribunal internacional las legítimas reivindicaciones de mi Patria sobre el territorio malvínico.

EN ESTE PRIMER MINUTO DE LA RECONQUISTA DE MALVINAS.-

MIGUEL L. FITZGERALD

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