Dos años después, el 27 de setiembre de 1966, sonó el teléfono en la oficina de Héctor García: Soy Dardo Cabo ¿podríamos vernos dentro de una hora en la confitería El Ciervo? Dardo Cabo pertenecía al grupo Tacuara y se había convertido en uno de sus líderes.

El relato de García sobre este encuentro es el siguiente: que caminó las dos cuadras que separaban el edificio de crónica de la confitería en Callao y Corrientes. Que Dardo Cabo sólo le dijo si le interesaba una nota periodística muy importante, que si aceptaba no podía adelantarle nada más y que debía viajar con él en avión esa misma noche. Que se molestó y le dijo que no, que tenía otro viaje en mente y le ofreció enviar otro reportero y que la respuesta de Cabo fue escueta: es una lástima, es usted o nadie. Cabo le entregó un papel con un número de teléfono: por si cambia de opinión.
Condor

El Comando Cóndor con Héctor Ricardo García y el Douglas DC 4 en las Islas Malvinas

A las nueve de la noche llamó al número del papel que le había entregado Cabo y este le dio una cita a las doce de la noche en el Aeroparque de la ciudad de Buenos Aires para un viaje de dos días al sur del país.

A la medianoche del día 27 de setiembre García ya tenía un pasaje para el vuelo de Aerolíneas Argentinas AR 648 con destino Río Gallegos y Ushuaia.

En la plataforma del Aeroparque estaba la aeronave Douglas DC 4. El vuelo tenía previsto despegar a las 00:30 horas y luego de ocho horas y media de viaje aterrizaría en su primera escala, Rio Gallegos. La tripulación técnica, estaba compuesta por el Comandante Ernesto Fernández, el primer oficial Silvio Sosa Laprida, el técnico de vuelo Aldo Baratti y el radiooperador Joaquín Soler.

Carlos Aldo Baratti tenía 39 años cuando se sentó en el DC 4 como técnico de vuelo. Su misión era el control de los motores y sistemas del avión. Hoy, a 52 años del ese vuelo, relata con cierto enojo los hechos: nos pudimos haber matado y yo tenía familia e hijos. En el año 2009 escribió el libro Malvinas y el faro de Dios, Editorial Dunken, 2009, junto con el primer oficial Sosa Laprida, en el cual relata el operativo Cóndor. Allí describe que reconoció a García al subir al avión: estaba como inquieto y nervioso. Otro pasajero identificado fue el gobernador militar del territorio nacional de Tierra del Fuego, Islas Malvinas y Atlántico sur, el contralmirante retirado José María Guzmán. En argentina gobernaba un gobierno de facto y el presidente era el general del ejército Juan Carlos Onganía. También recuerda que ese día Dardo Cabo vestía elegantemente trajeado y con portafolios.

El vuelo se desarrolló de forma normal, la aeronave volaba a 1800 metros de altura según lo previsto en el plan de vuelo, era una noche oscura y estrellada con aire calmo y buena visibilidad. Luego de varias horas divisaron las luces de Comodoro Rivadavia y más tarde Puerto Deseado. Eran aproximadamente las seis de la mañana cuando dos hombres armados con pistolas entraron a la cabina de vuelo y uno de ellos les dijo: mi nombre es Dardo Cabo y con el Comando Cóndor a mis órdenes tomamos desde este momento el control del avión para dirigirnos a las Islas Malvinas y ejercer el gobierno de las mismas, por derecho histórico argentino y porque el honor de la patria así lo exige. Somos dieciocho patriotas dispuestos a morir en el intento… Pongan rumbo ciento cinco desde Puerto Deseado, que nos llevará a Malvinas, donde aterrizaremos y tomaremos el gobierno como sea; estamos armados, ¡y decididos a morir si es necesario! Fue el primer secuestro aéreo de la historia aeronáutica argentina.

Luego de discusiones y reclamos de la tripulación que no podía volar sin cartas de navegación, Cabo sacó un mapa hecho a mano y lo entregó al comandante. Era el plano de Puerto Stanley indicando el lugar donde aterrizar. En la entrevista, Aldo Baratti cuenta que inmediatamente pensó: este plano lo hizo Mike Fitzgerald. Cuando el avión estuvo próximo a Puerto Deseado, Cabo largó el ultimátum: sabemos todo de ustedes y hay mucha gente que nos apoya en Buenos Aires, y tienen instrucciones precisas.

El comandante tomó la decisión y la aeronave puso rumbo ciento cinco hacia las Islas Malvinas.

El próximo paso del comando cóndor fue reducir a los pasajeros y dirigirse a la segunda fila de asientos, levantar una tapa que se encontraba en el piso, que conectaba con la bodega delantera. Obligaron a bajar al comisario de abordo le entregaron una linterna y los tickets de equipaje. A punta de pistola éste subió cada uno de los bolsos del comando cóndor. Allí había ropa militar y armas.

A las 8:42 del 28 de setiembre, la aeronave aterrizó en el mismo lugar que dos años atrás lo había hecho Mike FitzGerald. Fue un aterrizaje impecable que dejó al avión en perfectas condiciones.

Luego de dos días de escaramuzas donde el Comando Cóndor compuesto por 18 personas entre ellos, estudiantes, obreros, sindicalistas y periodistas, liberaron a los pasajeros y rehenes que habían capturado, quedaron solos en el avión sin abastecimiento alguno y rodeados por la policía local y lugareños armados. El resultado fue la rendición y vuelta a casa en una nave de la armada argentina.

El comando cóndor había planificado detalladamente la operación, sabía que rumbo poner y como navegar, poseía un mapa donde aterrizar y sus armas estaban depositadas en la única bodega que conectaba con la cabina de pasajeros. La pregunta es quienes más colaboraron y quienes más sabían.

Aquí comienza una danza de acusaciones cruzadas: Aldo Baratti sospecha hasta el día de hoy del comandante de aeronave. Es de destacar que en su libro sólo lo nombra una vez. Además, está muy enojado con Héctor García, de quien no duda de su participación en la planificación. El periodista Arnaldo Goenaga cuenta que conoció al copiloto Sosa Laprida y que en 1973 le contó que él había participado de la planificación junto con el Comando Cóndor. Afirma también que la simpatía ideológica del copiloto, nacionalista católico, hace verosímil el relato. El único pasajero que fue detenido en Malvinas, junto con todo el comando cóndor, fue Héctor García, por sugerencia del contralmirante Guzmán a las autoridades británicas en las Islas. Por último, queda la colaboración en la estiba de los bolsos con armamentos, ya que la única bodega que conectaba con la cabina de pasajeros era la delantera y el plano de Puerto Stanley.

Crónica nuevamente estuvo en la segunda recuperación de las Islas y esta vez tenía a su Director como protagonista principal y la tapa del diario era una sola palabra: “Argentinazo”.

A su regreso, éste escribió una nota publicada en tres partes, contenidas en las páginas centrales del diario y que llevó el título: Yo vi flamear la bandera argentina en las Malvinas.

De ser cierto que Héctor García conocía el plan de antemano, se inauguraba algo inédito al menos en el periodismo argentino. La nota no llegaba ni era buscada por un periodista, sino que era planificada, construida y protagonizada por el director del diario que nunca dejo se ser periodista.

De no ser cierto que García conocía el plan, solo habría que esperar dos años mas para que esto sí ocurriese.

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