Este libro está compuesto de crónicas aeronáuticas que comienzan desde el mismo nacimiento de nuestra aviación hasta el año 1955. Los relatos arman una historia del uso político, militar y violento del avión en nuestros cielos, no como una mera coyuntura sino convirtiéndolo en protagonista de nuestra historia. Es un camino que nos lleva a un hecho único en la historia de todos tiempos y de todas las geografías: el bombardeo a una ciudad abierta, Buenos Aires, el día 16 de junio de 1955.

El libro recorre una procedencia que nos deja en un fi nal que es llamado “Crónica de la destrucción”. Es el relato de la destrucción que vino del aire cuando la violencia y el terror cruzaron el límite de la política. Este es el centro desde donde escribo, la táctica literaria, la posición para contar una historia. El punto de observación está en el avión y su piloto. Volar en el cockpit desde donde se reprimió una protesta indígena en el Chaco, en 1924 o desde donde intentaron bombardear el Congreso de la Nación en 1946, son algunas de las crónicas de este libro que nos deja en la gran batalla aérea del 16 de junio, en el cockpit de leales y golpistas, en el Gloster Meteor I 63 del Muñeco Adradas, un piloto de caza. No es un libro de historia. Este libro se construyó en el montaje de fragmentos: testimonios, entrevistas, datos, versiones, imágenes, documentos, etc. Es la experiencia la que escribe; lecturas, calle transitada, barro, roce… Es una narración que suma no sólo libros y notas periodísticas, sino también lo que se vio y se ve lo que se escuchó y se escucha en las calles. Es el resultado de una investigación sin ninguna limitación temática y utilizando recursos propios de la ficción. Como toda crónica, el lector se encontrará con la voz del que investiga y este libro no es una excepción. La frase de Conan Doyle (El Primer Justicialista del Aire): “Hubo un combate aéreo el 16 de junio de 1955 y un piloto de la Fuerza Aérea a bordo de un Gloster Meteor derribó un avión naval”, me hizo escribir este libro. Es el intento de inventar el lugar donde se cuenten estas tragedias hechas menos coraje que desencuentros. Tiene que existir ese lugar.

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